lunes, 8 de abril de 2024

Diario de Dazai: VI

Hace apenas unos meses (o lo que parecen meses; ya no los distingo de los años), juraría que no podría seguir sin ti. Estaba segura de que te necesitaba para verle sentido a la vida. No me moriría sin ti, pero quizás para mí eso era peor. Para mí siempre ha sido más fácil imaginarme muerta, que sufriendo indefinidamente. 

Y sin embargo, creo que hoy lo he estado haciendo. Vivo, para mi desgracia. Estoy aprendiendo a vivir sin ti en contra de mi voluntad; a desapegarme poco a poco de las cosas que me importaban. Hasta que nada me importa más. Estoy aprendiendo a... ¿hacer vínculos? No; a colgarme de otras personas que me sirvan de anclaje, de soporte; de vehículo para seguir, para llevarme arrastrando como peso muerto, hasta que tenga fuerzas para caminar sola otra vez. 

Sola, sola; ¿siempre sola? ¿Siempre tengo que caminar con mi propia fuerza? ¿Es necesario? ¿Es lo correcto? ¿Es inmoral e insano dejarse caer y que lo arrastre a uno alguien más? ¿Es inaceptable que alguien más haga el trabajo difícil por ti? ¿Siempre tienes que seguir afrontando la vida? ¿Tienes que seguir caminando hacia las adversidades mientras ves el muro de frente, sabiendo que te va a golpear si avanzas? ¿No es eso estúpido, incongruente, sin sentido? Así que sigo buscándole el sentido a algo que no lo tiene.

Ojalá no tuviera que levantarme de la cama ni hacer nada. Ojalá pudiera quedarme tirada en el piso, hundiéndome eternamente sin que nadie me moleste. Ojalá no fuera tan doloroso avanzar, ni hundirse, ni quedarse inmóvil. Todo es doloroso, cualquier elección da lo mismo; ni siquiera es una elección. Ojalá pudiera tirarme en el agua y flotar, que me arrastre la marea a cualquier parte y luego pueda desaparecer de allí. 

Todo es pasajero, después de todo. Todo se va, nada permanece. Si siempre he de estar sola, quisiera no volver a hacerme ilusiones; quisiera matar el corazón, no volver a amar, no volver a sufrir. Pero mi corazón siempre late y mi cerebro siempre siente; siempre produce hormonas y secreciones que me hacen percibir emociones, sensaciones... Nunca se muere mi cuerpo. Se van los demás, y yo sigo aquí.

No hay relación por la que no sufra. Ni siquiera tú, que me cuidabas tanto, me evitaste el vacío de ya no tenerte. Si esto es un requisito para hacer vínculos, quisiera poder vivir sin ellos. Pero no puedo, porque duele la soledad; porque soy un maldito ser humano. Es una condena.

No hay comentarios:

Publicar un comentario